Propuesta para el concurso de proyectos de arquitectura del Centro de Fotografía Toni Catany en Llucmajor.

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Los rincones de un pequeño patio quedan registrados e inmortalizados, por obra del legado fotográfico de Tomás Monserrat. Ese modesto espacio se torna foco de memoria y nostalgia a juicio de los arquitectos. Resulta un lugar digno de conservación para disfrutar del encuentro cara a cara entre la realidad mutable y su representación instantánea.

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Con origen en ese patio preexistente inmortalizado, un barrido de tensión nostálgica alcanza las masas todavía moldeables de las nuevas construcciones, plasmando una huella sobre los mudos planos de fachada.

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La arquitectura derribada, que no alcanzó el estatus de conservable, queda asimismo registrada y conmemorada. Moldea los espacios exteriores del centro y se revela tenuemente en los espacios interiores que protegen la herencia fotográfica.

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Los arquitectos buscan que las nuevas construcciones tengan un lenguaje afín y envuelvan al edificio de Convent 31 rehabilitado. Deben contrastar con él y dar un fondo escénico identificable desde las dos calles convergentes, de forma que se revele al exterior el ámbito completo y la dimensión del nuevo Centro de fotografía.

Convent 33 sirve de acceso al Centro mediante un atrio exterior previo (protegido de la lluvia) que da acceso a la puerta de entrada. Previo paso por los espacios de recepción e información de Convent 31, se inicia la visita a la colección mediante la subida en ascensor a una pasarela volada. Esta pasarela sirve como espacio previo con potencial informativo/expositivo y como espacio de adaptación lumínica para el visitante, desde la luz natural de la calle hasta el ambiente controlado y regulable de las salas de exposición. La pasarela es un espacio singular que por sus características dimensionales y de iluminación, ofrece la posibilidad de ser utilizado como alegoría de algunos principios de la disciplina fotográfica, relacionando el contenedor arquitectónico con el contenido museístico.

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Los arquitectos proponen salas diáfanas, configuradas sólo por los elementos de comunicación, y acentuadas por el perfil/huella de la antigua casa de Toni Catany. Esto abre posibilidades expositivas para diferentes arreglos de recorridos o la introducción de formatos mayores de elementos expuestos; siendo al mismo tiempo fácilmente controlables.

Tras un recorrido descansado descendente, la planta baja devuelve al visitante a los espacios libres exteriores, que alrededor del volumen exento del aula taller, permiten recorridos libres continuos, dirigidos o restringidos, según las necesidades del Centro, con gran riqueza de ambientes y pequeños patios:

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Un recorrido cubierto bajo los vuelos de los volúmenes de plantas superiores, lleva al visitante a Convent 31, recreando con los vacíos horadados hacia el patio, un espacio exterior o claustro tratado como un gran atrio.

Proyecto en coautoría con Félix G. Pousa, arquitecto. Mis agradecimientos a Roberto Barros, Enrique Alonso, Javier Martín y también a Félix.

Nuestra enhorabuena al ganador del concurso: el arquitecto Josep Lluís Mateo y su equipo.

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